sábado, 30 de diciembre de 2006

Una Punk en el Clinico



Llevo 33 años trabajando en el Hospital Clínico, y eso no es muy punk al parecer, pero lo que viene a continuación sí.

Entre sus trepidantes paredes he sido la persona más feliz del mundo así como la mas desgraciada.

Ha habido épocas de irme riendo entre dientes por los pasillos, del regocijo de haber hecho alguna desinteresada-pequeña-buena-obra por algún paciente que lo necesitaba, o por mi habilidad innata de levantar los ánimos, o bien con alguna broma descabellada, o bien con mis exposiciones filosóficas, y levantar los ánimos pues a algún enfermito con muy mal pronostico, así como ha habido épocas posteriores en que los pacientes se me transfiguraban en miméticos e impersonales y eso me hacia sufrir terriblemente largas horas laborales.

Hubo algún tiempo en que las compañer@s de mi generación como yo misma, tod@s al unísono, le dimos un corazón a este hospital que antes de nosotr@s no tenía.

Nuestro amor por el paciente era tal, que se traducía en alegría de trabajar (hasta el agotamiento si era preciso) por ellos, más que por el sueldo en sí.

Nuestros cuidados hacia el paciente eran tan exquisitos, tan rebosantes de amabilidad, con un tacto tan meticuloso, llenos de solidaridad y amor al prójimo, que había pacientes (tal fue dicho) que se sentían rodeados de ángeles.

Si te tenias que agachar cien veces, cien veces te agacharías y sin perder la sonrisa de la boca.

Tal vez hoy en día esto no es exactamente igual, pues esto perteneció a una época en concreto (época en que por ejemplo, una de las jefas de enfermería acudía a las asambleas de los trabajadores para ser participe de sus reclamaciones, y esto tampoco se ha vuelto a repetir en este hospital), pero aun así seguimos siendo un personal con el prestigio de ser considerad@s afectuos@s por la mayoría de sus pacientes que acuden alentados, siempre lejos de convertirnos en el cúmulo de típicos funcionaros que tratan a la gente a disgusto, a la fuerza, y de mal humor.

Así pues en el trasfondo del personal del Hospital Clínico (que intrínsicamente carece de ostentación jerárquica a diferencia de otros hospitales, cosa que me enorgullece mucho de él) pues que en el trasfondo de este diáfano personal, sigue habiendo ese valor añadido de nuestro amor por la gente y de su considerable respeto humano...

A continuación tengo que decir dos cosas mas...

Una, que siendo yo una de las primeras Punks que coloreó esta ciudad de Barcelona, y acudiendo yo a mi lugar de trabajo, con mi aspecto chocante, como por ejemplo, camisetas translucidas y medias rotas, collares de perro o de gato colgando del cuello, llevando (sin ser nazi) ominosas "cruces gamadas" para provocar emociones intensas, minifaldas pírricas, cabellos tiesos a base de pegamento, o con su estampación de colores a base de mercromina o tinta china, o acaso llamativas cadenas colgando de mi ropa, toda ella hecha trizas sujetada con una miríada de consignados imperdibles.

Y así ataviada, atender las funciones de mi trabajo entre escandalosos colorines, eso si, con toda la amabilidad dulcificada de mi espontánea personalidad, y la eficiencia de mi juvenil capacidad de entusiasmo, que jamás, digo bien, jamás, jamás fui llamada la atención por mi aspecto en horas laborales, y que por tal, me sentí valorada por mis evidentes cualidades en si, superando la futilidad de la sentencia fácil por el aspecto superficial, y así me enorgullece (de mi hospital) afirmar que mi escandaloso y provocativo aspecto jamás fue considerado motivo para ser reprendido por mis superiores, lo cual habla de su capacidad de valorar esencias personales y hasta incluso de respetar ideas ajenas, que si no incurrían en el trato irrespetuoso con el paciente, podían ser perfectamente tolerables a pesar de descabelladas, y todo esto por encima de la imposición de modismos de inútiles apariencias de sobriedad y recato hospitalario, cosa que también les halaga mucho.

Y la otra cosa que tengo que decir es que en mi servicio, el departamento de Ecografías Abdominales, me siento guardada entre algodones, me siento sumamente querida, y graciosamente tratada por mis peculiaridades, y que todos ellos, mis compañeros, tienen la facultad de emocionarme por ser tal como son, desde mis queridas compis, a nuestros sufridos médicos, o a mis laboriosas y magnánimas, al mismo tiempo que humildes, jefas, porque sin duda, aparte de ser personas llenas de valores, buenas personas, grandes de corazón, inteligentes, cultos, divertidos, flexibles, afables y muy trabajadores, me han dado la cobertura necesaria entre tod@s ell@s para que yo, después de sufrir una esquizofrenia galopante que me volcó en plancha a ras de suelo, volviera paulatinamente en estos últimos años, a pisar por el sendero del entusiasmo y de la seguridad, y así volver a sentirme yo, y quererme a mi misma como nunca...que sin su paciencia y tolerancia hubiera sido una meta imposible para mi...

Y ¿qué he aprendido yo del Punk?

A hacer mi voluntad por encima del que dirán, solo guiada por un invisible vinculo ligado al centro de mi convencimiento interior, que me dice que, aunque el mundo entero me gire la espalda, es tan loable mi intención y mi trasfondo (debido a que soy de un buen tipo de pasta) que debo de ser consciente de ello y creer más en mi, y no acabar creyendo de mi misma, por el contrario, mis propias apariencias (apariencias de violenta chica punk, que extralimita las fronteras de lo moralmente aceptable), y aun ante la negación de los demás, y contra todo pronostico, creer de mi misma el estar en posesión de la verdad al actuar como lo hiciere, aunque pareciese incurrir directamente sobre el mal, pues cuando menos, estaría en posesión de mi propia verdad, y mientras me tuviera a mi misma, no mordería el polvo, ni caería en el foso de la autoinculpación, porque al fin y al cabo, lo que a mi me ocurriera a partir de entonces, no le preocuparía en absoluto a esos fervientes-vigilantes-anónimos de la impartición de “la moralidad aceptable”.

Mi verdad es mi camino...
la verdad es mi valor....
mi verdad soy yo...

Y en consecuencia he aprendido a creer en mí, por encima de la necesidad de creer en un dios...
y esto representa que mi libertad mental se extiende sin ningún limite, ni siquiera el del temor divino...

Y la libertad es mi pasión...
y mi pasión es sentir...
y sentir es llenar mi vida de cosas evanescentes que superan en riqueza a la materialidad cotidiana....

Y así el mundo es un poco más sutil...
y no es ni blanco ni negro, ni tampoco gris.....
y luce el sol
y también, solo luce para mi.

Adeuandreu..

Silvia Escario

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VERSION EN INGLES
TRADUCIDO POR MI AMIGA NIKA QUE FUE GRAN AMIGA DE ROSA RESORTE


Nika es una preciosa inglesita residente en Spain desde hace multitud de años, siempre había sido muy exótica, en realidad tenia el mismo tipo de belleza que la Rosa Resorte, es sumamente simpática e inteligente.

El día del homenaje a Rosa Resorte, soñó que Rosa entre sueños la visitaba y que le expresaba lo sumamente contenta que estaba por este emotivo homenaje que le hicimos.

Es una persona que cree y tiene magia, es sensible, bromista y aventurera y aunque haya pasado el tiempo yo la sigo viendo tal como la veía, una chica de buen talante, libre de envidias, y de cotilleos malsanos.

A mi siempre me había hecho sentir bien, aun por encima de mis paranoias de entonces....

Aqui os dejo con mi texto traducido por ella.....




A PUNK AT THE HOSPITAL

I’ve been working at the Hospital Clinico in Barcelona for 33 years, which doesn’t seem very punk, but what follows is.

Inside its shattering walls I have been the happiest person in the world – and the most unfortunate.

There have been times when I have laughed to myself as I’ve walked the halls, from the joy of having done some selfless-small-good-deed for some patient who needed it, or from my innate ability to cheer people up, either with some crazy joke, or with my philosophical expositions, and so cheer up some very ill patient, but there have also been times when the patients became characterless and impersonal making the working hours drag by.

There was a time when my colleagues and me, all together, gave the hospital a heart which it did not previously have.

Our love for the patients manifested in our happiness at working (until the point of exhaustion if necessary) for them, rather than for our salary.

Our care for the patients was so delicate, so full of friendliness, with meticulous tact, full of solidarity and love for others, that there were patients who said they felt they were surrounded by angels.

If you had to lean down 100 times, 100 times you’d do it and with a smile every time.

Perhaps today things aren’t exactly the same, because this relates to a particular time (a time, for instance, when one of the managers used to come to the staff meetings to hear any complaints, something which hasn’t been repeated since at this hospital) but even so we can claim that most patients look on us with affection, and are happy to be with us as we are far from the kind of civil servants who treat people daily with disdain, bad humor, and aggression.

So, in the recesses of the Hospital Clinico (which, unlike other hospitals, doesn’t have an obvious hierarchical structure, something I’m very proud of), against this tenuous personal background, there exists the added value of our love for people and considerable respect for others…

I have a couple more things to say…

One: that being one for the first Punks to lend color to this city of Barcelona, and going to my work looking as shocking as I do, with , for example, transparent tshirts and torn tights, dog or cat collars round my neck, wearing ominous swastikas not because I was a nazi sympathiser but in order to provoke intense emotions, outrageous miniskirts, hair sticking up stiffly with glue, or coloured with ink or mercurochrome, or with chains hanging from my clothes, all totally in rags and held together with innumerable safety pins.

And, dressed like this, to go about my daily tasks in a cloud of scandalous color, but always with a natural friendliness and the efficiency of my youthful capacity for enthusiasm, I was never, I repeat, never, called to order for the way I looked during work hours which meant that I felt valued for myself and my obvious qualities, rather than being judged, easily, by my appearance. I am proud (of my hospital) because my outrageous aspect was never a reason for my superiors to tell me off, meaning they had the capacity to value the essence of a person and to respect other people’s ideas, realising that as long as they respected the patients, these could be tolerated perfectly however crazy they sounded; and, commendably, never imposing strict and useless parameters of conventional appearance and hospital sobriety.

The other thing is that in my department, Abdominal Ultrasound, I feel completely looked after, loved, and well treated despite my idiosyncrasies, and that all of my colleagues, bring out my emotions for being who they are, from my dear companions to the long-suffering doctors, or my hard-working and magnanimous but humble bosses, because there is no doubt that apart from being people full of values, good people, with large hearts, intelligent, cultured, fun, flexible, amiable and very hard working, they gave me the support I needed so that, after suffering from a devastating attack of schizophrenia which left me on the floor, I was able to return, little by little, over the past few years, and walk this path of enthusiasm and security, to feel myself again, and love myself as never before…which, without their patience and tolerance, would have been an impossibility…

So, what have I learned from Punk?

I’ve learned to do what I want regardless of what people will say, guided only by an invisible link to my inner convictions, which tell me that, even if the whole world turns its back on me, my intentions and ideals are so laudable (given I’m made of good stuff) that I must retain awareness and trust more in myself, and not believe just in my own appearance (violent punk girl image, transcending the boundaries of the morally acceptable) and even in the face of other people’s negativity and against all odds, believe that what I do is right, even if it looks wrong, because at the very least I would be acting according to my own truths, and while I have myself, I wouldn’t bite the dust, nor fall into the pit of self-blame, because, after all, whatever happened to me afterwards would not matter one bit to these anonymous-fervent-vigilant imparters of ‘acceptable morality’.

My truth is the way…
The truth is my courage…
I am my truth…

And so I have learned to believe in myself, over and above the need to believe in a god…and this means mental freedom that can extend without limit, not even for fear of divine retribution…

And freedom is my passion…
And my passion is to feel…
And feeling is to fill my life with passing things that are far richer than daily reality…

And so the world is a little more subtle…
It’s not black or white, but it’s not grey either…
And the sun shines
And also, the sun shines only for me.

Silvia Escario
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1 comentario:

marginadoss dijo...

qu tal silvia! pues me parece interesante lo que escribes,
saludos desde el otro lado del charco
chile ;)